THE WARRIOR'S COUNCIL — MORISILMË (Entrevista a Deneb)

1. ¿Cuándo apareció por primera vez la idea de que querías un Railboard Stick como tu próximo instrumento?
En realidad, el sueño viene de hace muchísimo tiempo. La primera vez que vi un Stick tendría unos catorce años y recuerdo haber pensado que era uno de los instrumentos más extraños y geniales que había visto en mi vida.
Pero había un pequeño problema: era caro. Muy caro. Para mí, a esa edad, perfectamente podía ser un instrumento de otro planeta.
Así que durante muchos años quedó guardado como uno de esos sueños imposibles que uno deja en algún rincón de la cabeza. No espera realmente cumplirlos, pero tampoco consigue olvidarlos.
Muchísimos años después, ese sueño terminó convirtiéndose en Morisilmë.
2. ¿Cuál fue tu inspiración? ¿Qué te hizo decidir aprender a tocar este instrumento?
La primera vez que realmente quedé fascinado con el Stick fue viéndolo en manos de John Myung, de Dream Theater. Me voló la cabeza. Ver un instrumento capaz de encargarse de esas frecuencias bajas y del peso que asociamos con el bajo y, al mismo tiempo, producir sonidos agudos y melodías mediante tapping me parecía una locura.
Después fui descubriendo otros stickistas y entendí hasta dónde podía llegar realmente el instrumento. Y aquí voy a decir algo peligroso siendo fan de Dream Theater [risas]: John Myung es obviamente un bajista extraordinario, pero fueron otros músicos dedicados específicamente al Stick quienes terminaron mostrándome las verdaderas posibilidades del instrumento.
Ahí la curiosidad se convirtió en obsesión.
3. ¿Cómo se consigue un Chapman Stick? Es un instrumento poco común; no es como una guitarra o un bajo que compras en cualquier tienda...
Esa es parte de la aventura. Normalmente no entras a una tienda de instrumentos, señalas uno colgado en la pared y dices: “Me llevo ese.”
El mío fue encargado directamente a Stick Enterprises y el proceso puede ser muy largo. Son instrumentos muy especializados y las listas de espera pueden extenderse muchísimo. De vez en cuando aparece alguno usado, claro, pero tampoco es algo común.
Así que conseguir a Morisilmë no fue una compra impulsiva. Hubo expectativa. Muchísima espera.
Y cuando has querido un instrumento desde que tenías catorce años, el día en que finalmente llega esa caja a tu casa se vuelve bastante surrealista.
4. ¿Cómo explicarías la diferencia entre un Chapman Stick y un bajo a alguien que nunca ha visto uno?
Yo suelo describir el Railboard como una criatura extraña nacida en algún punto entre un bajo, una guitarra, un piano y un arpa.
Eso no significa que reemplace a ninguno. No reemplaza al bajo ni reemplaza a la guitarra. Tiene una identidad completamente propia.
La gran diferencia conceptual está en cómo produces las notas. En lugar de pulsar, rasguear o atacar las cuerdas principalmente con una púa, aquí básicamente estás tocando directamente sobre el diapasón mediante tapping. Eso permite que ambas manos puedan convertirse en voces musicales independientes.
Y eso cambia tu manera de pensar.
Puedes hacer líneas de bajo, acordes, melodías, contrapunto, texturas... e incluso varias de esas cosas simultáneamente. Pero toda esa libertad tiene un precio: exige muchísima precisión.
Bien utilizado puede añadir una dimensión completamente diferente a la música. Es un instrumento tremendamente poderoso.
5. ¿Qué sentiste cuando tuviste tu nuevo Chapman Stick entre las manos por primera vez?
Fue increíble. Literalmente, un sueño hecho realidad.
Morisilmë llegó el 23 de noviembre de 2025, y recuerdo perfectamente esa primera noche porque estaba completamente perdido. Hahahaha.
Tenía entre mis manos ese instrumento precioso que había querido durante tantos años... y prácticamente no sabía qué hacer con él. Hasta entender correctamente la afinación me resultaba complejo. Obviamente intenté tocar algo inmediatamente y mi nivel era básicamente cero.
¡Horrible! Una vergüenza. Hahahahaha. Pero al mismo tiempo fue hermoso.
Porque desde esa primera noche siempre apareció algo nuevo por descubrir. Cada día podía hacer alguna pequeña cosa que el día anterior no podía. Y esa sensación realmente nunca se ha ido.
6. ¿Cuál fue la primera canción que aprendiste y cómo fue la experiencia?
La primera fue “Winter's Night”, de CYGNUS, ¡por supuesto!
Fue una muy buena elección para comenzar porque tiene un carácter más tranquilo y arpegiado. Me permitía concentrarme en las manos, en la geometría del diapasón y en entender la relación entre las cuerdas sin intentar inmediatamente hacer alguna locura.
En ese momento no se trataba de impresionar a nadie.
7. Ya lo has tocado en conciertos. ¿Cómo fue tocarlo en vivo por primera vez?
¡Aterrador! Hahahahahaha.
El Railboard perdona muy poco. Si atacas mal, puede que la nota no salga correctamente. Si el dedo cae mal, suena feo. Si te desplazas apenas un poco, terminaste en otra cuerda.
Y además... ¡míralo! Hay cuerdas y trastes por todas partes. Cuando todavía estás aprendiendo es sorprendentemente fácil perder tu ubicación visual en el instrumento.
Esa primera noche literalmente me temblaban las manos de los nervios. Pero llega un momento en que tienes que dejar la seguridad de estudiar en casa y asumir el riesgo.
Hay que lanzarse.
Así que me lancé. Y sobrevivir a ese primer contacto con el público cambió completamente mi relación con Morisilmë.
8. ¿Cómo reacciona el público cuando te ve tocarlo en vivo?
Normalmente la primera reacción debe ser algo parecido a: “¿Y esa vaina qué es?” Hahahahaha.
Y eso me encanta.
Todos entendemos inmediatamente el lenguaje visual de una guitarra o un bajo: instrumento horizontal, una mano acá, la otra allá. De repente aparece Morisilmë, completamente vertical, y yo atacando el diapasón con las dos manos.
Incluso antes de entender lo que están escuchando, visualmente ya resulta extraño. Y eso es algo que disfruto muchísimo de llevarlo al escenario. Durante unos minutos la gente vuelve a sentir curiosidad. Están intentando descifrar qué demonios tienen enfrente.
9. Tus seguidores saben que lo llamaste Morisilmë. ¿Qué significa ese nombre?
Aquí es donde entra mi obsesión por Tolkien.
Morisilmë significa “La Luz Estelar de la Oscuridad”.
Pero no quería simplemente ponerle a mi instrumento un nombre que sonara a Tolkien. Quería que tuviera su propia leyenda.
Así que imaginé que, mucho antes de que existieran el Sol y la Luna, cuando la Tierra Media estaba iluminada únicamente por las estrellas de Varda, una de esas estrellas cayó silenciosamente sobre Beleriand. Su corazón ennegrecido terminó llegando a Doriath y, dentro de este pequeño lore que inventé, Eöl utilizó aquel material para forjar Aranrúth y Anglachel. Sin embargo, quedaba un último fragmento que se negaba a convertirse en espada, armadura, lanza o cualquier otra arma.
Hasta que Eöl comprendió la razón:
No había descendido a Arda para derramar sangre. Había descendido para hacer música.
Y así nació Morisilmë.
En mi historia, su superficie es negra como el cielo entre las constelaciones, pero desde su interior aparecen delicados puntos y líneas azul verdosas, como senderos de estrellas. Con el tiempo, incluso su música termina ligada a Lúthien Tinúviel.
Obviamente, esto es mitología creada por mí como fan, no canon de Tolkien. Pero precisamente ahí está la gracia.
Mi Railboard es negro, extraño, casi extraterrestre, y puede producir sonidos que ningún otro instrumento que tengo consigue hacer. Así que no quería simplemente ponerle un nombre. Markdown pegado
10. ¿Cuál es la canción más sencilla que tocas actualmente con Morisilmë —si es que podemos hablar de algo “sencillo”— y cuál es la más difícil?
“Sencillo” y “Morisilmë” todavía son dos palabras que me cuesta poner en la misma frase. Hahahahahaha.
Curiosamente, la nueva canción de CYGNUS —cuyo nombre todavía no puedo revelar— ha resultado relativamente natural porque fue compuesta desde el principio pensando en el Railboard. En lugar de tomar música creada para otro instrumento e intentar adaptarla, esta vez el Railboard hizo parte del proceso de composición desde su nacimiento.
Al otro extremo está “Dreams of Adventure”. Esa siempre representa un reto y exige concentración cada vez que la toco.
Y hay algo que estoy empezando a comprender con Morisilmë: aprender una canción no necesariamente significa que ya la dominaste.
A veces simplemente significa que hoy el instrumento aceptó dejarte tocarla. Hahahahahaha.
11. ¿Qué canciones te gustaría aprender a tocar?
¡Todas!
En serio. He intentado deliberadamente montar música de estilos muy diferentes. Incluso bastante rock en español y latinoamericano, porque me obliga a trabajar sutilezas en las manos, los ritmos latinos y el fraseo.
No todo tiene que ser demencia progresiva, folk y metal.
Pero claro... todavía hay algunos monstruos esperando a lo lejos.
Me encantaría montar como debe ser “New Millennium” de Dream Theater y eventualmente algunas cosas de Liquid Tension Experiment.
Son de esas canciones que parecen mirarte desde el otro lado de la habitación y decirte:
“Todavía no.” Pero... igual... Ya veremos.
12. ¿Se te ha acercado alguien después de un concierto a preguntarte por Morisilmë? ¿Qué suelen preguntarte y qué les respondes?
Sí, claro. Y es muy divertido porque Morisilmë despierta muchísima curiosidad.
Después de algunos conciertos se me ha acercado gente preguntando de todo: “¿Qué es eso?”, “¿Cómo se llama?”, “¿Es un bajo?”, “¿Es una guitarra?”, “¿Cómo demonios se toca?” Hahahahaha. Para alguien que nunca ha visto un Stick, entiendo perfectamente que parezca una locura.
También recibo muchos elogios, y obviamente los agradezco muchísimo. Es bonito saber que algo en lo que has invertido tantas horas de estudio consigue sorprender a alguien o llamar su atención.
Pero intento no perder de vista algo: la música está hecha para disfrutarla, no para vanagloriarse de tocar un instrumento extraño o difícil.
Morisilmë puede ser visualmente impresionante, sí, pero al final eso es secundario. Si consigo que después de unos minutos la gente deje de preguntarse “¿qué diablos es ese instrumento?” y simplemente empiece a disfrutar de la música que sale de él, entonces creo que estoy haciendo las cosas bien.
13. ¿Qué otros intérpretes de Chapman Stick o Railboard te han llamado especialmente la atención o han influido en tu forma de acercarte al instrumento?
Hay varios, pero si tuviera que mencionar a los principales serían Greg Howard, Bob Culbertson y Tony Levin. Y lo interesante es que me llaman la atención por razones completamente diferentes.
Greg Howard es una bestialidad. Tiene un enfoque que percibo como muy académico, extremadamente disciplinado y casi obsesivo con la técnica. Ves lo que hace y piensas: “OK... aquí hay años y años de trabajo.” Es de esos músicos que te hacen entender hasta dónde puede llegar técnicamente el instrumento.
Bob Culbertson me parece maravilloso por otra razón: la enorme cantidad de recursos que consigue extraer del Stick. Sus arreglos y adaptaciones de temas conocidos muestran que el instrumento puede convertirse prácticamente en un universo musical por sí mismo. Eso me interesa muchísimo porque no se trata únicamente de tocar muchas notas, sino de descubrir maneras diferentes de utilizarlas.
Y después está Tony Levin... que está loco. Hahahahaha.
Para mí probablemente sea el más experimental de los tres. Me encanta precisamente porque muchas veces parece acercarse al Stick sin preguntarse demasiado qué se supone que debe hacerse con él. Lo utiliza para encontrar sonidos, texturas y posibilidades. Hay algo muy libre en su manera de entender el instrumento.
Cada uno de los tres llevan más de 25 años tocando este instrumento y han alcanzado un nivel de maestría extraordinario. Por eso, compararme con ellos sería absurdo. Yo apenas estoy recorriendo mi propio camino y, por ahora, quiero hacerlo lentamente, disfrutándolo y con la misma honestidad con la que ellos recorrieron el suyo.
Hay muchos otros stickistas increíbles, por supuesto, pero esos tres representan cosas que me interesan especialmente: la técnica de Howard, los recursos y arreglos de Culbertson y la experimentación casi sin reglas de Levin.
Y supongo que yo estoy intentando encontrar mi propio lugar en algún punto extraño entre todas esas cosas. Markdown pegado
14. ¿Alguna reflexión, experiencia o palabra adicional?
Se estudia. Muchísimo. Durante muchas horas.
Y sí, muchas veces es increíblemente frustrante. Pero he aprendido que simplemente tienes que conseguir ser más terco que la frustración.
Tal vez esa sea una de las cosas más bonitas de toda esta experiencia: descubrir que algo que unos meses atrás parecía físicamente imposible, un día simplemente sucede. No porque el instrumento se haya vuelto más fácil, sino porque lentamente cambiaron tus manos y cambió tu cerebro.
Y curiosamente, Morisilmë no ha sido realmente una experiencia para impresionar a quienes siguen a CYGNUS o siguen mi trabajo. Ha sido algo mucho más personal.
Todavía estoy descubriendo este instrumento como un niño: intentando comprender sus patrones, sus formas, su lógica... lo que a veces llamo en broma “la geometría sagrada de Morisilmë”.
Siempre aparece una relación entre las cuerdas que antes no había visto. Una digitación nueva. Un sonido diferente.
Y creo que precisamente por eso sigo tan fascinado.
No estoy intentando llegar al final.
Estoy disfrutando perderme.





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